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martes, 29 de mayo de 2012

Sentimientos encontrados y balas perdidas (Frío)



Llevaba una rebeca marrón echada en los hombros, y una camiseta cedida por el uso, que apenas sí le tapaba las nalgas.

Elle, apagó el cigarrillo y observó la ciudad, que, desde el vigésimo piso, parecía diminuta.

Recordó la discusión que había mantenido con Eric hacía un par de horas, y los momentos de tensión que había sentido (aunque, su orgullo, como cabía de esperar, no le permitió demostrarlo) al creer que perdería a Dave para siempre.
Por unos instantes se imaginó cómo sería el mundo sin él, y con las lágrimas agolpadas en sus pupilas descubrió, asustada, que si él ya no estaba ya no le quedarían más fuerzas para seguir luchando. Un mundo sin Dave, era un mundo vacío, sin sentido.

Por eso, cuando Eric le sacó la bala del hombro y discutieron, ella, lo echó de casa con el pretexto de que su hermano, convaleciente (por su estúpida culpa y su absurdo ego), necesitaba descansar y no, a un "energúmeno" (le dijo) que no paraba de reprocharle el hacer las cosas "siempre mal".
Después Elizabeth lloró como hacía tiempo no hacía.
Eran lágrimas amargas, lágrimas llenas de un amor que ella no lograba comprender y por el que (no lo dudaba un insignificante instante) daría la vida. Y (se dijo a si misma) resultaba irónico, que fuese justo la vida de él la que estaba en juego.
Lágrimas ácidas y no saladas, que le provocaban nauseas y vértigos... porque ¡cuánto le costaba admitirlo! se había enamorado, y deseaba huir de él, de sus juegos, de su sonrisa, de la tersa piel de su cuerpo, de la miel de sus labios... pero no podía. Ya era demasiado tarde. Estaba atrapada.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, así que, decidida a no seguir escapando de una sombra que la perseguía y maniataba (y sí, se refería precisamente, a esa sensación vertiginosa de caer y caer al vacío, sin sentir nunca llegar al fondo. De este amor que la estaba matando (consumiéndola como la colilla de su cigarro)), salió de la terraza y entró en el salón.
Dio un par de vueltas sin sentido, hasta que, con mano temblorosa, abrió la puerta de su cuarto, y se sentó junto a su cama, ahora, ocupada por el maltrecho chico al que ella misma, horas atrás, había disparado.


Cuando Dave despertó, de madrugada, y con la fiebre algo más baja, Elizabeth, aún seguía a su lado, con los ojos hinchados y la nariz enrojecida por el llanto.

Él se revolvió, y con una mueca de dolor, observó aturdido como su mano derecha colgaba en la cabecera de la cama, rodeada de una esposa plateada. Sentía el cuerpo rígido, y una tirantez que le resultaba familiar, en el hombro izquierdo (no era la primera vez que le disparaban).

Observó a la mujer que permanecía callada, con el semblante serio mas relajado. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no derrumbarse...

-Me has disparado?
-...
-Por qué?
-Quiero que hables con Eric...
-¿Y no podías habérmelo pedido? como las personas normales...
-No hubieses accedido...
-... No- reflexionó él, con una sonrisa en los labios- no lo hubiese hecho.
-Además- sonrió ella a su vez- yo no soy una persona normal... soy mejor...
-Sí... y por eso eres mía...
-¿eso crees?
-Ven...- hizo un gesto con la cabeza para invitarla a su lado.

Ella se acercó cautelosa, y se acurrucó junto a él, en la cama. Le miró a los ojos, y espero a que él hablara.

-Después de todo, Elle- suspiró- no puedes hacerte a la idea, de lo muchísimo que te amo.
-Pero que...
Él la hizo calla con un beso, suave, lento... un beso que decía, "tranquila cariño, aún tenemos todo el tiempo del mundo para entendernos... para querernos, y para perdonarnos"

-Elle, no sé si lo sabes... pero tú eres el amor de mi vida.



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Por ti iría al fin del mundo, pero... ¿y si el fin del mundo fueses tú?(Frío)

Transcrito: (escrito en papel, a la hora de lengua. Entre suspiro y suspiro, con amor y un poco de excepticismo. )(Queda decir (y en su defensa) que Elizabeth, pese a todo, ES HUMANA, aunque a veces, se olvide de demostrarlo)
***

"Fácil" la palabra resuena en su mente, acribillándola, con la fría punta del puñal, agujereando su cuerpo, desangrándola. La parca clavándole su daga.

"No creas" las palabras quedan adheridas en su paladar, pastosas, sin poder salir. Así, por primera vez ella calla.

Dave toma el arma entre sus dedos, acariciándola, como hace con ella, con ternura. Enreda sus dedos en su frío cuerpo, apoyando el índice en el gatillo, suave, seguro como cuando enrosca su cuerpo al de ella, y comienza a masturbarla. Entonces ella pierde las ganas y el valor, se siente celosa por esa manera de rozar la culeta, de apuntar a su garganta, a la de ella.
Desea que apriete el gatillo y todo se acabe, su vida, la de él, la de ella. No quiere hacerlo, teme no poder dar marcha atrás, deseosa de huir, a esos lares infantiles.
La imperiosa pistola indemne. El muerto. Ella muerta.

Como Romeo y Julieta, los dos, desangrándose de amor, perdidos en la boca del uno y del otro, mordiéndo la muerte, saboreando la vida.

Decide tomar la palabra, pero teme; tomar la soledad de ésa noche (inminente ya) y masturbarse ella sola.
Deprabarse con su dedo (o con varios) mientras descarna su sexo con el arrítmico compás de su paja. La escena, casi oscena de su sexo abierto le da las fuerzas (que no tiene) para hablar, para disparar su arma; ¿para herir con su lengua?
"Te quiero" piensa "Demasiado. ¿Se puede querer demasiado?" no pide disculpas, no quiere tener que pedirlas, se siente tranviesa, inquieta, insegura y temblorosa. Por primera vez desde hace demasiado tiempo (como para que recordar duela) tiene miedo. Demasiado amor, demasiado miedo.

-¿No dices nada?- dicé él, interrumpiendo sus cávalas
-Matar es fácil- repite las palabras de él- en última instancia, morir.

Dave se ríe gozoso, como cuando hacen el amor. Acaricia levemente, su "Mark del 91".
Entonces Elle, siente ganas de reventarle la cabeza, de ser violenta. No quiere domar sus innecesarios celos. "No creas" se recuerda.

-Lo dices como si hubieses matado antes...- se burla de ella
-¿No lo he hecho?- pregunta confusa.

Quiere despejar su cabeza, necesita aire. Respirar. Pero siente que se ahoga, y cada vez, ve el abismo más y más negro, separarles más y más. Ella lo siente...

-Elle, aunque quisieses, tú no podrías...
-¿Matar?-ella sonríe escéptica- ¿Qué es matar?¿Crees que es mucho más valiente tu manera de asesinar, de robar vidas, que la mía? ¿Crees que no podría meterte una bala en la cabeza?- "Olvidarme de todo", lo piensa, pero no lo dice...

Él le entrega la pistola, le reta, tal y como ella había previsto. Coge la pistola, y se la mete en la boca, en la de él. Casi parece como si la estuviera besando. Otra vez despiertan sus celos...
Dave sonríe, juguetón "hazlo". ¿Hasta qué punto es incapaz de matarlo?

-¿Crees que no me atrevo a dispararte?

Aprieta el gatillo, pero no dispara; no puede, no quiere.
Retira temblorosa la pistola de entre sus labios, poniendo fin al beso de los dos amantes, pero no le devuelve el arma. Sigue en sus manos...

¿Cómo atreverse a perderle si ella ya no sabe vivir sin él?
"Amar es no tener que decir nunca lo siento", ya no cree en ésas palabras. Ella LO SIENTE.

-Regla número uno- le confiesa, segura de sí misma.- nunca amenaces a alguien si no puedes cumplir con tu amenaza. Te hace débil.

Y entonces aprieta el gatillo, y esta vez sí, dispara.

-Lo siento...- susurra.

Elizabeth, le besa en los labios, mientras un reguero de sangre roja desciende por el brazo izquierdo de Dave. Espera no ser letal. Por vez primera, espera no ser letal y que él pueda perdonarla.

"Amar... amar es saber sentir incluso cuando más se siente"

lunes, 26 de septiembre de 2011

La pequeña aprendiz de puta (Frío)


Había hablado con Ebie, llegando a la inevitable conclusión de que era hora de ser realmente peligrosas, como en nuestra "otra" vida. Innegables, imposibles.
Domar el mundo y después despojarlo de cualquier vestidura, dejarlo en cueros, maniatarlo y censurarlo con lenguaje salvaje. Destruir las emociones, y devolverles la sutileza del salvajismo. Eran momentos, difíciles; hora de tomar medidas drásticas, y no llorar por si todo salía peor de lo que ya estaba.

Era, absurdo pensar, que todo seguía igual.
Entonces, Daniel había muerto, y yo me había dejado morir con él. Ebie, me miraba de reojo, con pena, y a pesar de ser nuestro pequeño tabú, ésas miradas me confesaban un amor prohibido, que yo en realidad jamás ignoré y perdone a su muerte. Daniel, era mi ideal y yo su fantasmal recuerdo.

Ahora, todo estaba estúpidamente truncado. Me había enamorado, había conferido a la vida una oportunidad que yo misma me había negado darle, y ahora me costaba tanto procesar. Pero le amaba, y Ebie, pese a su clase y su fatalismo a la hora de admitir que era tan cándida como yo en un principio, amaba conmigo. No a él, por descontado, mas sí a un Daniel imaginario, en la piel de un Eric real.

Ebie, me miró a los ojos, con sus penetrantes ojos claros perforando mi boca, como si debatiese el besarme o no. Después frunció las cejas y relajó la cara, añadiendo a su vez lo que yo ya sabía:

-Es hora, de hacer cuanto sabes Elle...

Asentí sin proferir palabra, demasiado cansada para volver a la misma impavidez de siempre, mas demasiado abatida como para negar, que nuestra sensualidad, sería el arma, para reunir a Dave y a su hermano.

Ebie se paseó por la sala, contorsionando un trasero enfundado en una falda negra, que haría las delicias de cualquier hombre, que fuese lo suficientemente digno y rico como para pasarse por sus demasiado costosas nalgas. Sus andares eran los de una elegante puta, con un deje perverso en cada taconeo que daba, mas pese a todo, cuanto hacía ahora, lo hacía por amor:

-Yo me encargo de Dave- dije refiriéndome al amor de mi vida.

Ella asintió sin decir palabra, mientras, pegaba una calada a un cigarrillo que recién encendía. Aspiró el humo, con la boca, expulsándolo poco después:

-Esto tiene que salir bien Elle- me aseguró- Sabes tan bien como yo que no vamos a reunir a esos dos mamarrachos, con la delicadeza con la que tú tienes " a mal" de tratarles- suspiró y después con una sonrisa dijo- sabes tan bien como yo, que a los hombres no se les convence con el estómago, como mal comentan por ahí, es lo que esconde ésta falda negra debajo, lo que convence a cualquier hombre demasiado incauto, y tú Elle, siempre fuiste mi pequeña aprendiz...




viernes, 12 de agosto de 2011

Secretos (parte II) (Frío)


-¿Cómo me has encontrado?- pregunto sin apartar los ojos de la copa.

Una gota cristalina se desliza por el vaso, desparramándose por la mesa, cual savia de árbol. Así me siento.
Mi vida, hilvanada desde hace diez años con sutiles hilos dorados, va desmoronándose poco a poco; desplomándose la férreas paredes de mi coraza... soy la gota que colma el vaso:

-Eric me ha dicho cómo encontrarte- suspira- en realidad ha dicho: "busca en cualquier tugurio. Si hay putas mejor", Ebie se ha ofendido un tanto, claro que Eric no sabía que eras un antiguo cliente y entonces pues...

Por primera vez Elizabeth habla atropelladamente, como si no supiese qué decirme o como hacerlo; yo ni siquiera la escucho.

La veo pedir una copa, después, con el Gin Tonic en los labios, me mira:

-¿Qué tal estás?

Su pregunta me pilla desprevenido, así, contesto sincero:

-Mal- suspiro y pego otro trago- no lo soporto... Fue Eric quien lo destrozó todo, él quien mató a Mark. No soporto su ridícula disciplina, su manera de pronunciar mi nombre "¿Dave?"- sonrío mientras las lágrimas recorren mi rostro- ¡Como si aún no hubiese notado que hace más de una década que no tiene hermanos! ¡Como si aún pensase que realmente no soy capaz de matarlo!...

-Mark...

Elle posa su mano en mi ante brazo, mientras con una profunda mirada me arrebata el sentido. Sus ojos aparecen descarnados por las ojeras, sin duda porque ha estado llorando:

-...Mark- repite- nadie obligó a tu hermano, a Mark, ha hacer lo que hizo...

-¡Eric le obligó!- grito

El pub se encuentra casi vacío.
El tío de la barra (Henry a juzgar por la chapa de la solapa) nos mira enfurruñado, no obstante no dice nada. Le sostengo la mirada hasta que una mujer rubia y en exceso maquillada le pide un cigarrilo y una copa de ron blanco:

-¡No!, Eric ya ha pagado su culpa, ¿no crees que es bastante doloroso perder a un hermano?, ¡claro que se siente culpable joder! Mark murió por las drogas y fue él el que le incitó a probar. Eric se muere por dentro... pero ¿qué coño te pasa imbécil?- me espeta- ¿acaso crees que cambiándote el nombre vas a morir tú en vez de él? ¡que te jodan joder!, Mark está muerto, ¿vas a dejar que Dave muera con él?

Jamás la había visto así...

Elle se levanta y se da media vuelta. Yo voy tras ella cogiéndola por la cintura. Ella no se aparta, se gira y me abraza, mientras, como una niña endeble, solloza en mis brazos.

-Lo siento- le susurro al oído

Ella se deja acunar, mientras me repite constantemente que lo siente.
Aparto mechones rojizos y mojados de su rostro, me acerco a ella y la beso en los labios, suavemente, dulcemente, como si sus besos fueran una canción capaz de serenar mi alma:

-Escúchame bien mi amor- le digo, apartándome un poco de ella, pero aún abrazándola- te quiero. Nunca he tenido nada más claro que esto. No sé como, pero parece ser que tú me quieres a mi, y te juro que aún estoy intentando creerlo- esboza una sonrisa- TE QUIERO- repito- haría cualquier cosa por ti.

-¿Cualquier cosa?- pregunta. Yo asiento sin dudarlo un segundo- ¿morirías por mí?

-Moriría por ti una y mil veces- le aseguro

-¿Si te pidiese que te pegases un tiro, lo harías?- me pregunta

-Sin dudarlo un instante. Si tú pidieses mi muerte, sin duda me arrebataría la vida. Si me pidieses distancia, me alejaría corriendo- lo pienso un instante y después añado- en realidad me iría en cuerpo, pero jamás, y fíjate, soy capaz de utilizar un jamás y un para siempre... jamás me iría del todo, te pensaría para siempre.

Acerca sus labios a los míos y vuelve a besarme. Sus ojos destilan alegría y amor:

-Te amo Mark- ella también se toma un tiempo para pensar, después, con una sonrisa enorme en los labios añade- en resumen, estar contigo significa que preferiría morir antes que estar sin ti. Amor, y ya no me da miedo admitirlo, AMOR, tú me has devuelto la vida...- después, me mira maliciosa- aunque eso cariño, no quita, que voy a pedirte dos cosas.

-¿Qué cosas?- pregunto curioso.

-La primera, y no es discutible- me advierte- es que hables con Eric, que para algo es tu hermano...

Yo la observo con los ojos abiertos, después, tras un largo silencio pregunto:

-¿Y la segunda?...

Lo piensa un instante, después, hace acopio de valor y tímida pregunta:

-¿Puedo llamarte Dave?


***

Nota de autora: Siento que la entrada sea tan larga y desconcertante. Acabo de venir de unas largas y estimulantes vacaciones que me han dejado bastante saturada con el blog. De todos modos quería escribir esto. Lo explicaré con más detalle (prometido) cuando Eric y Dave (Mark) hablen. Muchas gracias y espero que os guste! :)

jueves, 28 de julio de 2011

Secretos (parte I) (Frío)



Nos sentamos en el banco donde Ebie y yo nos conocimos, una noche hace ya tantos años.

Allí, sentada en el mismo lugar donde ahora me encuentro, vi a la mujer más hermosa que jamás había visto. Me la quedé mirando, con los ojos abiertos como platos y la boca colgando.
Ella me observó a mi, con su corta falda negra, enseñando sus largas piernas, escote y los labios rojos carmín.
Una niña convertida en mujer.

La veo acercarse a lo lejos, con esos andares de prostituta elegante, que ya desde joven se traía.
No se inmuta, no corre. Ella tan elegante y sexual (sí sexual y no sensual) como siempre.

Ella es el sexo en persona, y ya desde pequeña sabía que ella había nacido para ser puta.
Y así lo decía ella, así le gustaba decirlo, con todas las letras, porque le gustaba ser lo que era, porque sabía quien era y decirlo, así con todas las letras, le hacía sentir que lo que hacía era importante:

-¿Preparado?- le digo a Mark

Él mira nuestras manos entrelazadas, y después asiente:

-Preparado- dice tragando costosamente la saliva.

Yo me río gozosa "pensar que conocer a Ebie pueda darle miedo... aunque pensándolo bien... ¡es lo más terrorífico que existe!". Me vuelvo a reír.

Veo a Mark intentando abrir la boca, no obstante ya es demasiado tarde. Ebie, me sonríe:

-¡Elle cariño!- me abraza, aún sin posar la vista en Mark- ¿qué tal en París?

Sé por como me mira, que no espera respuesta; espera que presente a Mark para poder mirarle por vez primera. Ebie y sus ritos...

-Ebie, este es Mar, Mark esta es Ebie.

Ella se gira entonces, con una sonrisa que acaba por helársele en el rostro. Mark sonríe de oreja a oreja.

-Tú...- susurra Ebie

-¿Os conocéis?- pregunto sorprendida.

-¡Hijo de puta! todavía tienes que pagarme- suelta, después empieza a contar mentalmente- ¿cuanto hace de ello...- le fulmina con la mirada-... seis años?

-¿Ves cariño? todavía me recuerdas- Mark sonríe- ¡Y con qué precisión!

Ebie se ríe con él.
Yo espero, completamente perdida a que mi parej... a que Mark me explique lo que ocurre. No lo hace.
Así poso mi mirada en Ebie, la cual prosigue:

-Bueno, ¡no importa!, por ser tú te lo cobraré con otro polvo...- la veo mirarme de reojo, mientras yo la fulmino (tal y como me enseñó ella) con la mirada- está bien, por ser tú Elle, no le cobraré. Sí cariño, me acosté con tu chico alguna que otra vez... ¡no me pagó ni una!, pero bueno... olvidémoslo...

De pronto pone los ojos en blanco. Después, aflora una sonrisa a sus labios:

-He invitado a alguien más- me mira- ya os conocéis, aunque no tan bien como he tenido el placer de conocerle yo. Os aseguro que vuestro viaje a París no ha sido lo único guar...- me mira cortándose en medio de la frase. Ebie, siempre "tan" Ebie- divertido que ha pasado por estos tiempos.

-¿Quién es?- le pregunto curiosa.

Ella escruta con la mirada el horizonte:

-Allí está- señala sonriente.

Ebie, es fantástica. Ella, tan mujer y tan niña al mismo tiempo.
Cuando la conocí, no vi si no una mujer hermosa, con un cigarrilo en la boca y un negocio entre las piernas, no obstante, gracias al tiempo (y a una paciencia que no sé de donde saqué) pude ver, entre las ropas que ella después se quitaría, a una mujer no sólo hermosa si no aún aniñada que hacía sentir que el resto también era importante.

Eric, se acerca.

-Hol...

Eric mira a Mark, Mark mira a Eric... ambas miradas dicen más de lo que pretenden.

Un secreto que se esconde, una historia que lo oculta, una mirada que lo desvela...



**
Nota de la autora: Siento haber escrito una entrada tan larga, pero ya va siendo hora de descubrir algo más del pasado de todos ellos :) Espero que os guste! ^^

lunes, 25 de julio de 2011

Yo te enseñaré a amar (Frio)






-¿No te doy miedo?

La observo tiritar bajo su abrigo azul. El pelo rojizo, recorre su espalda. Hondas rojas descarnadas, que aumentan el efecto de atracción para con ella.
La melena le llega hasta el final de la espalda, después, cesa de crecer, absolutamente salvaje y descarnada (como ella).

La veo negar con la cabeza. Mientras, intenta calentar sus manos frotándolas una y otra vez. Su cuerpo de agita, arriba y abajo, al son de los saltitos para hacer circular su sangre.

-Debería...- susurro.

Ella no deja de saltar, no obstante, detiene el movimiento de sus manos, y clava su penetrante mirada en mi.
Veo recorrer mi cuerpo con la vista:

-Joder Mark, eres un asesino, ¿es eso lo que quieres decirme?...

Ella espera a que yo asienta. Lo hago:

-...Eso no me preocupa- admite. De pronto se sume en sus pensamientos- Yo he matado indirectamente. He destruído a cientos de hombres, he destruído familias, sueños y proyectos... eso me convierte en un monstruo, en un sueño de una noche de verano que se tornó en pesadilla. Tú me quieres a pesar de haber intentado destruírte a ti también...- se acerca a mi y a escasos centímetros de mi rostro, prosigue- ¿acaso temerte no me convierte en una hipócrita?

Una sonrisa aparece en sus labios. Veo como la pasión, que recién recorre su cuerpo, a espantado el frío, enviándolo a otro lares, bien lejanos.

-Hemos hecho el amor en mi casa, en el Sena, en la Torre Eiffel, en la playa... tú me has elevado a mi séptimo cielo- suspira (seguramente rememorando las palabras de Dan)- "Llegarás al séptimo cielo"... qué razón tenía.

Elle me mira, ruborizándose como jamás pensé que haría. Su piel sigue siendo pálida después de todo, mas ese rubor encendido en sus mejillas, le hace parecer frágil, alguien a quien proteger.

-Mark... te amo- susurra.

Sus ojos miran al suelo, completamente avergonzada. Su coraza aparece en el suelo (que ella observa) completamente destruída, hecha añicos...
Yo me acerco a ella, rodeándo su cintura como aquella vez hicimos, mirando al mar. Entonces, le susurro nuestras palabras, mi manera de decirle "te quiero". Nuestro "te quiero propio":

"Yo te enseñaré a amar"...

lunes, 18 de julio de 2011

El cajón de los recuerdos de Ebie (Frio)



-Sois alucinantes... ¡los dos follais tremendamente bien! Daniel era más espiritual, menos rígido... entendía a la mujer y sus células ( era como si las traspasara y supiese exactamente donde canalizar su fuerza más devastadora), pero ¡o cariño! tú eres más salvaje, más directo... joder, ¡me has dejado buena! creo que no lo olvidaré nunca... ¡ay dios!

Eric se levanta de la cama estirándose como un auténtico semental, que da por concluido su trabajo. La curva de su cuello al estirarse es exáctamente como la recordaba.

-Ebie, cállate... como si no hubiese oido eso antes...- me mira con una sonrisa burlona impregnada en sus ojos, después como si yo no esperase la pregunta, mas temiéndomela, pregunta- ¿conociste mucho a Daniel?

Yo observo su cuello absorta, refrenando las ganas de besarlo y acostarme con él una vez más. Una vez recuperas el amor perdido, ¡Qué dificil y absurdo volver a perderlo!

-Mejor que nadie...
-¿Mejor qué Elle?
-Jamás lo conoció- ahora soy yo quien le mira a los ojos- nunca entendió su mirada, esa tristeza impregnada a su esencia... Elle nunca entendió nada, ¡lo mató poco a poco y sin darse cuenta! Yo no lo ví morir, pero puedo jurar, que al fin fue feliz. Elle nunca asumió que lo fuese, no sin ella...
-¿Lo quisiste?

Yo no aparto la mirada a sabiendas que hacerlo desmentirá mis palabras...

-¡Cómo fo...!- me mira- está bien... digamos que era buenísimo, no te ofendas, tú eres genial, ya lo sabes... pero Dan... Dan amaba a las mujeres, a todas. Deseaba recorrer mundo, poseer a las mujeres, desnudarlas y pintarlas así, puras y desnudas. Descarnarlas con su sexo, y después marcharse, con su retrato desnudo. Así, era su arte... Elle se quedó con los recuerdos, yo con los retratos. Con los suyos desnuda, y con los míos sin vestir... Recorrió ciudades enteras... Ella acabó con su libertad...

-¿Él la amaba?- me pregunta con un matiz en los ojos, que muy a mi pesar reconozco. Un matiz enamorado, ese del que Daniel jamás logró desprenderse. Ese del que Elizabeth era dueña, y ninguna otra podría arrebatar (jamás)

-Como nunca había amado. Él no era un ángel, si no la hubiese querido jamás se hubiese quedado... por eso nunca se marchó, no del todo... el amor sobrevivó después de todo, si no ¿porqué Eric, estarías aquí repitiendo los errores de Dan? Él la amó más de lo que quiso a ninguna otra mujer, y creeme quiso a muchas... (quizá demasiadas...)


sábado, 16 de julio de 2011

Besos que saben a sexo (Frio)






Besos en el agua que saben a sexo.
Sexo salvaje, sin ataduras y sin cerrojos.
Caricias furtivas y anhelos pintados en rojos carmín.
Fuego que hiela la sangre. Revitalizante natural.
Manos que pasan de un lugar íntimo a uno recóndito, que expertas, aterrizan en la proa llevandolo hasta la popa.
Arañazos que hacen tiritar, mientras el agua inunda nuestros respectivos sexos.
Pasión, sexo.
Después, arremete la ola contra el barco. Naufragando, sintiendose domada y domadora. Presa y cazador.
Un mordisco pequeño en la oreja, baja la marea; vuelve la respiración.

-Ven, cabalguemos una vez más; en lo alto de la Torre Eiffel...- le digo

Ella me sigue, indómita más salvaje que nunca.
Las luces iluminan Paris, mientras dos cuerpos fugaces despiden la ciudad.
Yo, la cabalgo de noche, potra sin domar.
Me araña de nuevo, me aprieta, ruge como una fiera, gime como una presa...
Me mira en París, reluciente y repleta de amor.
Yo la acerco a mi, respirando su olor, suave, caliente... a mujer.
Ella baila , y yo, dentro de ella, la hago danzar conmigo.
La noche llega a una París que se vuelve oscura, mientras dos luces tintineantes, aún iluminan la parte alta de la Torre Eiffel

viernes, 15 de julio de 2011

Mark










-Mark...
-¿Sí?
-Cuéntame algo tuyo- Elle me mira directamente a los ojos para después proseguir- Cuéntame algo que no sepa nadie más...

Yo la miro por un instante, después, admitiendo mi debilidad, y con la absoluta (e inquietante) certeza de que lo haré, comienzo a hablar:

"La primera vez que vi una Mark 23 del 91, fue, cuando adopté el nombre de mi hermano, Mark.
No puedo explicar cómo, pero aquel arma apuntándome, me devolvió a mi hermano por un instante y esa breve visión, producida quizá por el miedo a morir bajo el influjo de su nombre, me fascinó hasta el punto tal de adoptar su nombre como propio.
Marcos me apuntaba con un arma, que yo, desesperadamente, deseaba fuese mía.
Tal era, mi absorción, que morir bajo el influjo de sus balas me parecía halagador. Era mi hermano quien iba a matarme. Era tan tentador...

No obstante, Marcos, debió de pensar que algo no encajaba realmente bien en mi cabeza.
Tenía 16 años y estaba absolutamente fascinado con el arma que debía matarme.
Debió de creer que padecía de algún decicit, pues, me soltó sin pronunciar palabra alguna.

-Quiero matar con "eso"

Le dije, sin saber que "eso" meses después llegaría a ser mi único amigo.
Aquello, me enteraría después, lo impresíonó profundamente.

Marcos me miró entonces, y como si me viese por vez primera, me apuntó con el arma lanzándome mi primer reto.
Casi por instinto salté a un lado, evitando, no por mucho, que una bala acabase incrustada en mi frente. Después, enloquecido, me lancé contra él.

No tardó más de medio minuto en desequilibrarme y tirarme al suelo. Así, allí estaba, por tercera vez con un arma apuntándome en la cabeza.
Fue un error robar a aquel negro, de metro ochenta, con traje y gafas de sol. Era todo de película, y yo un adolescente marginal, enloquecido y apunto de palmarla. Estaba disfrutando de lo lindo...

-Vámonos-me dijo.
Y así, un día cualquiera, uno más de entre muchos; un día, en el que por casualidades, decidí no ir al instituto (ya como costumbre), uno cualquiera, fue el último día de mi adolescencia y el primero de mi formación.
Apartir de entonces, perdí lo que me quedaba, aunque recuperé al hermano, que un día había perdido.

Y creéme Elle, vengamos la muerte de Mark, con creces. "





domingo, 26 de junio de 2011

amor mio (Frío)



-Me gusta, me hace sentir poderosa- me mira- ya sabes...

Yo aparto la mirada, resoplando, mientras pienso, en mi fuero interno, el porqué de haberle dejado "mi juguete".

-¿Deja eso, quieres?

Ella me mira a los ojos, después sonríe y añade:

- Querido Mark, ¿tienes miedo de que te reviente los huevos?

Yo me acerco un paso, le beso en los labios y después, tras un empujoncito le arrebato la pistola de entre sus dedos:

- ¿Y tú cariño?- le digo apuntándole a la cabeza.

Ella sonríe y se aleja, mientras en la lejanía añade:

-Tú ganas, echamos el polvo, ahora mismo.

domingo, 5 de junio de 2011

Te lo dije... (Frío)





Enredabas tu corazón en mi muñeca, desfigurada ya mi piel, y casi sangrantes las heridas, hacían un surco, un reguero finísimo de amor sanguinolento.

Pero apenas me importaba. Sentía dulce el puñal de tus besos en el torso, mientras, con una insaciable carician ahondonabas en mis recuerdos.

Casi, y sólo casi, supe por el dolor de mis llagas que tú me importabas más de lo que me había importado cualquier instante, cualquier momento, cualquier persona... Creo que desde aquel momento fuí consciente de que tú, y sólo tú, me importabas más que mi persona. Y creéme, mi vanalidad, hasta que tú llegaste, fue inmensa. Y creo que por eso te lo dije.

Me volvías loco, completamente loco.

Tenía la certeza (y en esta perra vida, tener una certeza ya era demasiado) de que hubiese hecho cualquier cosa que tú me hubieses pedido.
No era la primera vez (ni probablemente sería la última) que jugaba a ser Dios, supongo que porque me gustaba, porque me excitaba sobre manera. Me agradaba sentir miedo, y superarlo.

Creo que me gustaba el instante más perro de la vida, porque demostraba que en sí, en conjunto todo me importaba una mierda.

Por eso te lo dije, porque me gustaba el instante en el que la bala recorría el espacio entre la pistola y la víctima, porque me gustaba verla sufriendo antes del inminente fin.

Por eso te conté lo que te dije. Porque te amaba, y debías conocerme; porque tenía que demostrarme que la vida seguía siendo igual de perra que siempre:

-Querida Elle, si estoy solo es porque he matado a demasiada gente. Porque nadie me ha importado nunca nada, porque disfrutaba haciéndolo, porque he nacido para estar solo... porque antes no estabas tú.

Para mi sorpresa la bala no llegó al cuerpo.
La pistola debió de calarse en el instante en que tú sellaste nuestro amor con un beso. Si no te importaba que fuese un asesino siquiera, entonces querida, ¿qué te importaba? ¿qué te iba a alejar de mí? Lo supe. En aquél instante supe lo que tú no me decías. Nada. Ya nada podría alejarte de mí, porque si yo era tuyo, tú ya eras mía
.

viernes, 27 de mayo de 2011

Lo supe (Frío)





Bebió champán de mis labios.
El trago, recorrió fresco y rebelde su lengua, y mientras, jactándose de una disciplina casi armónica, yo, absorta, observaba sus movimientos. Extendía los brazos, en la fracción de segundo que durara el trago, pero él; él tan magnánime y extraño, parecía recrear el instante, hacerlo eterno.

Sus palmas miraban al cielo; parecía un ángel caido en gracia, y no obstante, no le hacía falta despegar las halas para volar, como en ese instante él estaba haciendo.
Sus labios no dijeron palabra alguna, permanecían sellados; su cuerpo tenso, como si estuviese a punto de saltar (o salir volando), como si de pronto yo hubiese dejado de significarlo todo, para significar nada.

Entonces abrió los ojos, con una refulgente sonrisa en ellos. Allí sentado, rodeado de flores malvas, en los jardines de Versalles, casí parecía salido de un cuento, como si hubiesen cambiado su ser y lo hubiesen transformado en el último de los pecados capitales.

Apenas dijo nada, mas pude sentir como me hacía el amor con la mirada, como recorría mi cuerpo con su boca.
Pude sentir como me amaba, y como ese amor era correspondido con un amor mayor al suyo.
Y supe, en ese mismo instante, que me quedaría allí sentada con él, que recorrería el mundo a su lado y que no me cansaría de tenerle junto a mí, allá donde nos llevaran nuestros pasos.





martes, 24 de mayo de 2011

Eric: Adiós pequeña (Frío)


La seguiría al fin del mundo.
Recorrería Londres bajo la lluvia, París bajo las luces de bohemia... recorrería sin duda el callejón del beso con ella. México, lindo México, besos, pasiones... colores, algarabía, ella, yo...

Con su boina francesa y su sonrisa de cristal, la veo marchar, risueña y contenta, con alguién que no soy yo.
Casi parece una princesa de cuento, enroscado su brazo alrededor del torso de éste.
Él acaricia suavemente su costado, como si temiese romperla...

Si yo la tuviese, si ella fuese mía... jamás la dejaría ir. Agarraría su cintura y la fundiría a mi cuerpo, a base de gestos y serenatas de balcón. No obstante la dejo marchar y me siento estúpido, tan ridículo en esta partida de poker... (supongo que yo juego sin pareja, y ella... con repoker en la mano).

Veo como coge el avión, contenta de irse.
Creo que me olvida, por momentos, por instantes... que se marcha y que no vuelve.

Yo, me quedo exhausto, agarrado a la baranda, escondido tras el pilar de mis olvidos, viéndola partir: "Adiós, querida..."

Su pelo ondea cuán bandera, hiza velas... el barco pirata embarca, con el cofre del tesoro (mi corazón) y un polizón, en busca de Tierra.

Casi la veo aterrizar, descorchar su sonrisa de diamante, y ponerse otra vez la boina, con un acento Francés que deja mucho que desear.
La veo deambuleando por las calles, zarandeando sus caderas como potro sin domar. Veo como lo observa, como se para en la curva de su hombro. Los veo besarse...

Cae la noche, mas yo apenas lo veo; las lágrimas surcan mi rostro, creando riachuelos de tristeza, que desembocarán en el mar Elizabeth.

Ella ya no está... y yo sigo aquí perdido en la calle.


lunes, 23 de mayo de 2011

Contigo (Frío)



Su pelo era más rojo, más vivo y salvaje de lo que yo recordaba.
Su tez aparecía pálida, casi mortecina, no obstante, su belleza era tal que cegaba. Sus ojos irradiaban paz, la calma tras la tormenta; y aunque ella no me lo dijo, supe que se había encontrado, y que de una forma u otra, había hecho una tregua con su alma.

Acaricié su nalga desnuda, con mi mano, palpando su calor con mis anhelos. La había extrañado. Mi mente había creído que era un espejismo, pero no, el amor que procesaba a aquella que ahora yacía tendida en mis brazos, era demasiado inmenso, demasiado destructivo para ser ficticio. No, era equívocamente real.

-Mark, ¿me estás escuchando?

Su mirada se posaba en mi rostro, como pájaro que busca su nido; pero aquel pajarito, tan inusual y exótico, no necesitaba nido para tener un hogar. Me tenía a mí, el último rescoldo, en la última superficie del mar de los recuerdos de Elizabeth.
Negué con la cabeza, absorto aún con su belleza, y sus siempre sorprendentes expresiones. El pequeño vibrar de sus labios, casi le hacía parecer una niña. Podía pasarme las horas mirandola.

Me tumbé en la cama junto a ella, mirando el techo, viendo las inexistentes estrellas en él, justo a tiempo de oirle decir:

-Da igual, pronto descubrirás a donde iremos. Quiero ver mundo Mark; y quiero verlo, contigo..

jueves, 19 de mayo de 2011

Perdida (Frio)



A Dios sabe quién:


Hace tiempo que dejé de ser quién soy.


En realidad no sé quién soy ni que estoy haciendo; no sé a qué he venido ni cuanto tiempo llevo perdida.

Hace semanas que no veo a nadie.

Este encierro al que me he sometido, no sólo me ha aislado, me he sentido perturbada por dentro... Supongo que el dolor ha estallado de una vez por todas, y quizá por eso ahora, estoy desorientada como ave que pierde el rumbo.


Mark me ha llamado. Eric me ha llamado. Yo no he cogido.


Hace días que desconecté el telefono, desde entonces apenas me he movido.


No sé que me ocurre no tengo fuerzas, me siento triste y sola, con unas incesantes ganas de recorrer mundo y ridiculizar a los hombres.


Como al principio; siempre vuelvo a comenzar.


Tengo miedo y no puedo evitarlo.

Tiemblo sólo de pensar que amo a Mark; tiemblo al saber que no puedo olvidar a Daniel.

Temo por Mark, y por que él pueda ser uno de esos muchos hombres que ya forman parte de mi albúm de recortes de corazones rotos.

Tengo miedo porque le amo. Supongo que es un punto de partida (quizá ahora sepa a donde ir)


Elle.


Paseé por la estancia desordenada, hasta llegar al telefono.

El pitido me advirtió de que estaba despierto.

Tenía mensajes, incesantes mensajes que ya jamás leería.

-Mark, necesito verte- le dije


Después simplemente colgué a sabiendas de que él vendría y de que yo había vuelto.

viernes, 6 de mayo de 2011

En tu vida y en la mía (Frío)





Me aseguré primero de que no hubiese nadie cerca, después me encerré en mi piso, como otras tantas veces hubiera hecho.




Hacía tiempo que necesitaba estar sola.




Mi vida tal como la conocía, había cambiado en apenas un instante, combirtiendo el tedio en absoluto nerviosismo.






Creí que no volvería a enamorarme, y no lo había hecho.




No... hacía tiempo que había olvidado lo que era querer, quizá demasiado empecinada en aferrarme a un amor pasado, había desmoronado mi muro de cristal y hielo, y no había quedado nada.






Absolutamente nada.




Hacía tiempo que había olvidado lo que era una caricia, tiempo desde que el sexo no significase nada... Mas Mark era un suspiro, mi bocanada de aire en el mar (que me ahogaba sin remedio).





En ocasiones había ansiado destrozarlo, destruir su existencia y hacerle ver que yo era una mujer gélida, una marmórea estatua que no hacía sino fingir felicidad.




Pero no podía.




Quizá me había acostumbrado a quererle de manera desinteresada, quizá tenía miedo de no volver a querer nunca, y él, tan inusualmente sencillo, me agarraba y hacía aferrarme a la extraña realidad.




No estaba muerta, y era él quien me demostraba que aún quedaba vida.





Mark era mi isla en el mar.




No obstante no podía dejar de pensar en un Daniel, que hace tanto había amado y aún, dijese lo que Ebie dijese, lo amaba.



Me había topado lágrimas en la almohada, tras una larguísima noche de insondables recuerdos que afilados cuan agujas se clavaban en la piel entre las uñas y la carne, y me desgarraban manos y pies, agarrotando de esta guisa cada célula de mi exhausto cuerpo.



Y Eric... Eric era la droga.




Él, hacía resurgir el recuerdo de aquel que me había enamorado. Y aún, empecinada como estaba en olvidar su parecido, aún, no podía sino comparar a ambos hombres.





Cuando él estaba cerca me faltaba el aire.




Cuando su cuerpo se acercaba al mío, y aunque sólo fuesen nuestras ropas las que se tocasen, sentía una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, surcar mi nuca y posarse en mis labios.



Entonces, y sólo entonces, ansiaba besarle.



Ansiaba tenerle cerca y respirar su aire.



Y aunque mi corazón se agitase, cuando ambos esotéricos hombres se cruzaban en mi camino, yo sabía que la insondable coraza que mi corazón, como buen constructor, había alzado enredor de mi alma, sería un obstaculo difícil de saltar.



Mas aún si quien me torturaba era yo misma. Más aún, si no sabia amar y a quien hacerlo.




Así, me apoyé en la puerta, en el hole, mientras la noche caía. Yo caía con ella, en el profundo abismo de la vida.

jueves, 28 de abril de 2011

Pasión


-No hay nadie que mienta mejor que tú, de eso puedo estar seguro.

Ella lo mira traviesa, mientras muerde sus carnosos labios rojos. Él la mira, desprovisto ya de toda duda, y sin fachada alguna.

Ella inunda su mente; su olor, las suaves nubecitas que esconde su nuca, su cuerpo, su... no puede evitar mirarla y sentirse estúpido.

Sabe que ella lo ha utilizado, sabe que no hubiese dejado que un hombre (no uno como él al menos) inunde su cuerpo, mas se siente tranquilo, seguro de sí mismo.
"Es sólo una mujer, que la vista no te engañe"

-Lo malo es que no te engaña- le dice ella, como si leyese su mente.

Él se tensa, dudando ya de su integridad :"¿Me estaré volviendo loco?"

De pronto desabrocha la camisa que él mismo llevaba antes de su fogosa noche.
Su cuerpo queda desnudo, como si este hubiese sido esculpido por los mismos Dioses. Sus senos le hablan, se tornan iridiscentes y le susurran: "Has caído, lo sabes.. ESTÚPIDO!" y así se siente; se siente fracasado, enfrascado en un cuerpo que no es el suyo. Se siente apático, ridículo... no obstante no puede apartar la vista de su cuerpo.

Volvería a poseerla si ella le dejase...

Él se acerca tembloroso, mas su mente aparece segura.
Ella lo observa, mira de hito en hito como se acerca mas no se mueve.

Bajo la tenue luz aparece casi traslúcida, casi mágica. Parece una Diosa y él, un pobre esclavo a punto de volver a sucumbir en el lecho de aquella a quien implora piedad. Pero Elizabeth... ella no entiende de piedad, y él tampoco.

Y ambos lo saben, se utilizan, se juegan... se atraen

Ambos son irrefrenables, cuando la pasión los invade, ambos sucumben, ambos arden en el fuego.
No obstante, es ella la que aparece distinta; es ella la que a cambiado la historia, sin pestañear, sin rechistar, sin despeinarse... Ella tan altiva, ella tan preciosa....

Y él que tan estúpidamente ha caído, como si fuera uno más, en las turbias aguas, de su melena del color del fuego.

miércoles, 27 de abril de 2011

Ebie



Descorre la cortina, y después, con un cigarrillo sin encender en los labios, se tumba en el suelo.

Su rubicunda melena se esparce por el suelo, como la cola de un ave real, y ese áureo color resplandece, bajo las sombras del bajo techo.

Junto a ella, sentada con la piernas entrecruzadas, y la mirada perdida, se encuentra una mujer.

Su cabello, largo y negro, recuerda a la más oscura de las noches, mas sus pétreos ojos azules, la convierten en una mujer concisa, cuya alma resplandece como los cabellos de la hermosa mujer que la acompaña.

Incluso mirarlas duele.

Un atisbo de recelo se adueña de los ojos escarchados de la mujer de cabello oscuro, una sonrisa oscila en sus labios mas ésta rehúsa salir:

-Sólo un enamorado mira el cielo- agacha su cabeza, dejando caer su cabello en cascada sobre el rostro de Elizabeth- dime pequeña, ¿quién es ese que te hace mirar las nubes?

Ella aparta la melena de su compañera de su rostro, después se incorpora y tira el cigarro al suelo, como si la colilla se hubiese consumido, mas éste aparece intacto. Ni siquiera lo ha encendido.

-Ni yo lo amo a él, ni él me ama a mí. No me pertenece, no le pertenezco...

La mirada de su amiga interrumpe su perorata.

Los pensamientos de Elizabeth, vuelven al caudal del río, y mientras, lloviznando en su cabeza aparece Mark (Mark, Daniel, Mark, Daniel...) De pronto una voz le devuelve a la realidad...

-Ni Dan era un ángel, ni tu una esclava. Recuerda bien mis palabra Elle, tú eres una mujer y él un hombre, déjate ya de lamentarte de ti misma (porque hace tiempo que dejaste de lamentarte por Daniel) y empieza a vivir de una vez por todas. Mientras tanto, no seré yo quien recoja los pedacitos de tu corazón. Ahí tienes las tiritas, tú decides si vendarlo. Eso sí, siempre serás muy puta... y que no te cueste admitirlo querida. Hace tiempo, que acostarse contigo es sinónimo de sucumbir a tus encantos.

Elizabeth reniega con la cabeza, rechazando las palabras de su amiga Ebie. Después vuelve a tumbarse en el suelo y se ríe (como hacía tiempo que no hacía). Su amiga la observa...

"Pobre tonta, algún día se dará cuenta del significado de la palabra amor. Atracción, Miedo, Orgía, Ruptura..." y tras tan lóbrego pensamiento, es Ebie la que ríe desenfrenada hasta quedarse apenas sin aire.

miércoles, 13 de abril de 2011

Mis manos en tu cintura



-¿Tienes miedo?


Ella gira su cabeza levemente, mirándome fíjamente a los ojos.

En ellos, vislumbro una marea arremetiendo con una roca, y esa lucha constante, me hace sentir que la vitalidad de la mujer que tengo entre mis brazos es inagotable; que sus efusivos encantos, son demasiado para un solo hombre, y que amarla (amarla como se merece) es más complicado con ella que con ninguna otra mujer.


Quizá por eso, ella es diferente. Tan sencillamente especial, y tan compleja, que haría temblar a cualquier Dios de cualquier tierra.


-¿Miedo de qué?- le pregunto


Enredo mis brazos en su cintura, mientras mi mente repasa una canción cuya letra no recuerdo.

En ella, hablan de una mujer, y de sus manos en su cintura.

Yo la acarició, mientras mis dedos notan, adherirse la tela de su vestido a su cuerpo.

Puedo sentir, allí posado en sus caderas, su leve respirar, tranquilo y sereno.


-De que yo pueda soltarte.

De que me canse, de que me entre miedo. Miedo, de que un día me vaya sin dar explicaciones, miedo porque soy diferente al resto, y eso a mi no me asusta, pero ¿y a ti? ¿acaso es posible que alguien comparta mi camino? a veces me cuesta creerlo, llámame incrédula si quieres.

Aunque pensandolo bien, quien quizá tiene miedo soy yo. ¿Te irás Mark? ¿Soltarás tus manos de mi cintura?


Mientras habla no aparta la mirada de mi rostro.

Sus palabras expresan las debilidades ocultas en una mujer dificil con un pasado más dificil aún.


Ella, compleja y absurdamente simple como es, no tiene miedo de decir como es mas sí de mostrarse. Sin embargo, junto al mar, y en mis brazos, puedo sentirla sencilla, sin absurdas barreras y sin egos demasiado bien construidos.

Allí en el mar, Elizabeth solamente es Elizabeth, no una mujer altanera; su alter ego existe.


-Yo no te temo pequeña.

Nunca he temido amar, quizá porque nunca lo he hecho. Un día te despiertas y ves el mundo. Lo miras y te dices, que quizá haya algo que tenga sentido en la vida, y que quizás no es más cuentión de estar esperando, si no esperar a que llegue la cuestión. La vida te sorprende a veces. A mi me sorprendiste.

Así que no te temo, como sé tú tampoco me temes a mí. Si lo hicieses, no estarías regalándome la vida.


Ella sonríe y se gira, mirando el mar.

Su cabello, parece mecerse con el leve baibén del viento. Sus mechones parecen querer escapar de su cabellera, como un pura sangre indomable, bajo el manto estrellado, pero ella está allí, serena y tranquila, y yo, no tengo intención de dejarla marchar.


"Parece que el pequeño Mark por fin a despertado" pienso.


Me acerco más a ella y le beso el pelo :" No tengo intención de dejarte ir. Nunca más."

lunes, 11 de abril de 2011

Conciencia


"Hoy estoy especialmente...¿ sensitivo?, casi resulta extraño.
Una mañana te despiertas, y de pronto la vida tiene sentido.
Las flores color, los olores gracia, el café (ja! el café, esa sí que es buena. Maldita maravilla, importada desde los lares de la más absoluta felicidad. Café, café, café) buen sabor.
La vida parece casi maravillosa. La manzana, (¡ai mi querida manzana!) hoy sabe jugosa"

"Elizabeth. ¿No ves la diferencia? ella ha entrado en tu vida (y por la puerta grande).
Ha redecorado la casa a su antojo y tú has quedado encantado, prendido de sus encantos.
Y no tiene solución, no creas (no tienes solución) te has vuelto loco; loco por ella. Y eso te hace feliz. ¡Estás perdido majo!"

Aparto, de manera casi inconsciente a mi conciencia de en medio, empujándola con la mano, como si así pudiese hacer que se desvaneciese en el aire. Como si por ende, su peso se borrase en el tiempo. Mas me temo que tiene razón.

Elizabeth, siempre Elizabeth.

"No sé si es amor, conciencia, pero es felicidad, de eso puedes estar seguro.
¿Y qué si soy un loco por querer ser feliz? ¿Y qué si me he cansado de ser un temerario? ¿Y qué si decido civilizarme de una vez? ¿Y qué si decido ser bueno?"

"Vuélvete loco, deja las motos, deja el sexo, deja las drogas, deja el barullo, deja el ambiente, deja de comportarte como un auténtico imbécil, deja de fumar, deja de salir por la ventana de las casas de mujeres casadas.
Deja de ser GIACOMO CASANOVA. Deja de interpretar a SHAKESPEARE y hazme caso."

"¿Qué te haga caso? si aún no me has aconsejado nada, ¿qué se supone que pretendes?"

"Querido Mark, yo sólo soy tu conciencia, así pues preguntate, ¿qué pretendes tú?"