lunes, 23 de mayo de 2011

Contigo (Frío)



Su pelo era más rojo, más vivo y salvaje de lo que yo recordaba.
Su tez aparecía pálida, casi mortecina, no obstante, su belleza era tal que cegaba. Sus ojos irradiaban paz, la calma tras la tormenta; y aunque ella no me lo dijo, supe que se había encontrado, y que de una forma u otra, había hecho una tregua con su alma.

Acaricié su nalga desnuda, con mi mano, palpando su calor con mis anhelos. La había extrañado. Mi mente había creído que era un espejismo, pero no, el amor que procesaba a aquella que ahora yacía tendida en mis brazos, era demasiado inmenso, demasiado destructivo para ser ficticio. No, era equívocamente real.

-Mark, ¿me estás escuchando?

Su mirada se posaba en mi rostro, como pájaro que busca su nido; pero aquel pajarito, tan inusual y exótico, no necesitaba nido para tener un hogar. Me tenía a mí, el último rescoldo, en la última superficie del mar de los recuerdos de Elizabeth.
Negué con la cabeza, absorto aún con su belleza, y sus siempre sorprendentes expresiones. El pequeño vibrar de sus labios, casi le hacía parecer una niña. Podía pasarme las horas mirandola.

Me tumbé en la cama junto a ella, mirando el techo, viendo las inexistentes estrellas en él, justo a tiempo de oirle decir:

-Da igual, pronto descubrirás a donde iremos. Quiero ver mundo Mark; y quiero verlo, contigo..

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